viernes, 20 de febrero de 2009

el derecho de uno y el derecho de otros

Siempre me han dicho que el derecho de uno termina cuando comienza el derecho de los demás. Pero quien repara el derecho de las cigüeñas de cuatrovientos, el barrio donde vivo?
Hace dos años que llegué a esta ciudad, Ponferrada, y lo que me asombró es que en casi todas las cúpulas de las iglesias había un nido de cigüeña, luego aparecieron las cigüeñas al final del invierno merodeando por esos nidos que habían dejado el año anterior.
Aquí en Cuatrovientos un barrio de las afueras de la ciudad, hay una iglesia la de San José Obrero, que también tenía su nido. Al cura de la parroquia no se le ocurrió mejor idea que hacer toda la fachada y los techos de la construcción, además de sacar la música que comenzaba con un ave maría y luego seguía con la alborada de Veiga que es preciosa.
Por supuesto que le sacó el lugar al nido poniendo en el medio del techo una pequeña alzada con una cruz en el medio que no tiene ningún significado pues adentro no hay nada. En fin que las dos cigüeñas que ya estan merodeando, no encuentran su lugar, el lugar para anidar y van volando entre golpeteos de sus picos sin ton ni son y así pasan los días, los días de su apareo. La cosa es tiene derecho el cura a desalojar a estas aves que son especie protegida ninguno de sus feligreses, cuidadosos de la ley de Dios, ha reparado en esa atrocidad. Ahora sería justo que las dos cigüeñas se posen en ese campanario que no es tal y lo derriben así quedaría equilibrada la puja.

martes, 10 de febrero de 2009

Amantes vivos..


Jugos salvajes, riegan el lecho, Las sábanas son el sostén de los ardores, de las batallas. Batallas encendidas por miles de antorchas, tenues pero calientes, calientes y cercanas. Juegos dirigidos por cientos de candelas, cientos de deseos contenidos. Juicios inspirados en sentencias de antiguas sesiones amatorias. Castigos infringidos sin dolor, solo con ganas. Brisas suaves y perfumadas, embriagantes vahos de flores en celo. Crispado el silencio con vagidos, suspiros, pequeños gritos en el aire. Calores incontrolables, sudores que en perlas van cayendo, rodando por las pieles encendidas, Y luego la calma, lo que precede a la tempestad. Barcos encallados en la arena, el respirar más lento. El sueño que aparece, después de las batallas que no son guerras. El descanso profundo de todo aquello que se crispó anteriormente. Descanso del guerrero y la guerrera, del compañero y compañera, de los amantes vivos….