viernes, 24 de julio de 2009

Encuentro


A esta altura de la vida, me sorprendo!!
Si, pensaba que al encontrarme contigo tendría otra reacción! Pero no, el alma se me encogió de tal manera que no pude más que sentirme floja como si fuera lo más natural del mundo encontrarte y preguntar como estabas. Vos no querías hablar conmigo, me lo expresaste también timidamente como no queriendolo decir. Son esos momentos en que el tiempo se detiene un instante y parece que los minutos son tan largos que te dan tiempo a reposar en que decirle al otro. Fisicamente sólo fueron segundos en realidad pero en mi interior fueron siglos de tranquilidad. Sé que te incomodé, se que realmente te encontré desarmada, sin el ímpetu que querías tener. Pero me salió del alma, sabiendo de quien venís, de quien sos hija. De mi otra parte, de mi complemento, de la persona que aún teniendo sus tristezas, me comprende y está conmigo. Jamás te haría daño, jamás lo quise.
Si te hice daño, perdón, si te hice perder algo de tu vida anterior, perdón. Está en vos ahora perdonar al ser que te hizo, al ser que te acompañó siempre. Al ser que ahora ha tenido la flaqueza de no poder decirte la verdad tan dolorosa, y vos tomás revancha y le hacés sufrir el más intenso e interminable castigo. Sé que no soy quien para hablarte en estos términos, pero siento la tristeza inmensa de quien está a mi lado. Veo en su mirada como se transforma cuando habla de ustedes, de lo mucho que los quiere, y recuerda la frase hiriente, "mi padre ha muerto" en una sentencia que algún día, creo yo, se te vendrá en contra. Tu padre no ha muerto, tu padre está en esta vida, haciendo lo imposible por hablar con ustedes, por sentirlos cerca, por darles un abrazo y decirles cuanto los quiere.

El intruso


La sencillez de todos los movimientos pasaba a ser cada vez más tediosa, formando una atmósfera crítica.
Quizás sus pasos cadenciosos no eran tales y solo eran el producto de una cojera crónica. Se adelantaba desde el horizonte y sus formas eran cada vez más nítidas.
Si en ese momento cayera un chaparrón su silueta se dividiría y distorsionaría su contorno. Debajo de su chaqueta respiraba dificultosamente y se esforzaba en no parecer tan fatigado, pero el sonido que exhalaba era de llamarse agitación.
Tras recorrer todo el camino tortuoso que lo llevaba a su nueva casa, la que había comprado con tanta ilusión, sus pasos eran más fuertes, más seguros, pues pretendía llegar rápidamente a ella.
En el tiempo que tuvo que dejar la otra casa, todo parecía despedirse. El barrio, los vecinos, aún los árboles que rodeaban la calle.
Hacía ya largo tiempo que estaba en ese lugar, quizás unos treinta años, los que transcurrieron con la mayor felicidad. En esa casa comenzó su vida de casado, allí crió a sus hijos, y luego devino el final, cuando se enteró que su mujer estaba muy enferma. Se desesperó, no tenía con qué afrontar los gastos que se le venían encima como un torrente. Tuvo que vender algunas de sus posesiones, entre ellas un hermoso automóvil de los años 30 que tenía como reliquia. Hasta que ya no hubo más que vender y tuvo que recurrir a la venta de la casa. Ella era amplia y acogedora, tenía un enorme jardín y muchos árboles a su alrededor. Mientras tanto, su esposa, Margarita, cada vez estaba peor. Su salud ya pendía de un hilo, y ese hilo un día de primavera se rompió.. Y quedó solo, con sus deudas, sin sus hijos, pues estos habían partido para el extranjero en busca de mejores oportunidades.
También apareció quien le compró la casa, y pudo entonces pagar todo lo que debía, y comprarse esta más pequeña, en los suburbios de la ciudad. El barrio era bastante pobre.
Le esperaban tiempos difíciles de adaptación que quizás no podría lograr a estos años, pues ya rondaba los setenta.
Y ahí estaba de pie junto a la puerta, casi sin animarse a abrirla, como sintiéndose intruso...

La muerte cíclica



La muerte cíclica es aquella que se instala en nuestros corazones, va surgiendo lentamente, llega al climax y desaparece. Se podría explicar con un ejemplo, es así cuando nuestro sentido se apodera de todo nuestro ser creando una apoplejía virtual. Esa invasión nos devora las neuronas hasta tal punto que todo aquello que nos rodea desaparece de nuestra vista. Luego de un tiempo, se disipa esa sensación de opresión y vuelve a sus cabales el raciocinio, pero en este punto todo ha sido en vano, aquella sensación ha menoscabado nuestro entendimiento, a tal punto que no somos capaces de recuperar toda nuestra capacidad. Y así seguimos con nuestra vida, viviendo muertes pequeñas, que hacen que llegue la verdadera muerte, cuando menos lo pensamos, es decir ya nuestro pensamiento está en un estado de inercia tal que solo vivimos por vivir..

jueves, 23 de julio de 2009

El vaso


Todos en algún momento desperdiciamos nuestra vida.
Era joven sólo 20 años, tenía educación, y hacía lo que le gustaba, pero..
Su mente tan poderosa crispaba sus nervios pensando cosas que podían suceder, el futuro agobiaba su presente de tal manera que en realidad ese presente se evaporaba antes de existir.
Creía que había sido abandonada, que tendría alguna enfermedad, su pesimismo era tal que todo su ser emanaba negatividad.
Hasta que un día un movimiento hizo que su mente reflexionara. Dejó caer un vaso, sí solo con ese suceso, su mente se aclaró. ¿Qué estaba haciendo de su vida?
Tomó las riendas de su presente, dejó que el futuro fuera eso sólo futuro que todo fluyera como tenía que ser, y vivió!!
Todos en algún momento debemos tirar un vaso para darnos cuenta del lugar que estamos ocupando en este mundo. Somos únicos e irrepetibles, vivamos pues a pleno que no hay vuelta atrás, no hay replay....